Haciendo kilómetros, o tirando millas como dicen aquí, hay muchas cosas que nos llaman la atención, pero una de ellas nos toca la fibra sensible pues tenemos cierta inclinación hacia las causas solidarias. De hecho hemos colaborado con Cruz Roja, ANESVAD, Médicos sin Fronteras, etc. Y hasta nos hemos planteado algún apadrinamiento.
Pero, como se ve en la foto, esto ya podría ser demasiado. A poco inglés que uno sepa, se observa lo que piden estos americanos: "¡Adopta una carretera!". En fin, que nos comemos el tarro porque también se puede "adoptar" una autopista.
Pero bueno, abordamos nuestro ferry, esta vez con coche incluido porque lo reservamos ayer. Y aunque se trata de hora y media para cruzar al estado de Nueva York, nos sentimos teletransportados
como en "El experimento Philadelphia", aquella película de 1982. Y es que hace un día como si estuviéramos en Cantabria: niebla matinal, buena temperatura.
Desembarcamos en Orient Point y nos dirigimos al que será nuestro próximo alojamiento, en el que, para nuestra sorpresa, nos encontramos con que disponemos de una cocina americana (claro). Se nos enciende la bombilla rápidamente y casi salimos corriendo en busca de un supermercado donde hacernos con provisiones para una cena "a la española".
Después ya se sabe: a recorrer la zona, que parece que la lluvia nos respeta.
Estamos en Los Hamptons, la zona preferida por los neoyorquinos pudientes para sus vacaciones y escapadas. Os sonará a algunos/as por la serie que se ha estado emitiendo hasta hace poco: "Revenge". Pues, oye, ¡clavada! Las mansiones, las playas, los pequeños pueblos con sus puertos deportivos... Este es un lugar de lo más apropiado para venir de vacaciones en plan tranquilo y sin agobios. Y con nuestro euro más fuerte que el dólar, no se hace demasiado caro (algo bueno teníamos que tener). Por ejemplo, la gasolina sin plomo cuesta unos 70 céntimos el litro.
Estamos ya en julio y hay gente, sí, pero nada de agobios. Damos un paseo por Southampton y nos quedamos a comer. Después, recorriendo, recorriendo, pasamos por East Hampton y llegamos hasta lo que llaman el East End, el final, vamos, con su consabido faro y vistas espectaculares. Hasta ha salido el sol.
A la vuelta tomamos un atajo, para lo que tenemos que coger dos transbordadores que nos van pasando con el coche hasta Greenport. Parada y fonda.
Tras un descanso en el porche de nuestra modesta "mansión", hoy toca hacer la cena en la cocina de que disponemos. Me moría de ganas de unos huevos (4) estrellados con patatas (muchas).
Hasta mañana, peña.







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