jueves, 4 de julio de 2013

LA GUINDA EN CONEY ISLAND

Será por los nervios previos a la partida, o no, pero el caso es que son las cinco de la mañana cuando me levanto de la cama. Mariví sigue durmiendo. Me instalo en el salón de nuestra "mansión" a leer hasta que caigo en la cuenta de que también tenemos un porche y que a lo mejor puedo ver amanecer.
¡Albricias! En efecto, está amaneciendo, y puedo contemplarlo porque ¡está despejado! Agradable sensación. Se levanta Mariví y me parece buena idea inmortalizar el momento.



Pero todo se acaba. Todo se nos está acabando ya en este maravilloso viaje. Toca empaquetar y coger carretera y manta rumbo a Nueva York. Nos queda la guinda de tan sabroso pastel: Coney Island, en Brooklyn otra vez, sólo que al otro extremo de donde estuvimos al principio.


Puede decirse que hay dos Coney Island. La parte interior, la Brighton Beach Avenue, por donde pasa el metro elevado sobre mi cabeza... Y por donde podría aparecer en cualquier momento Robert de Niro en la memorable "Uno de los nuestros" dirigida por Martín Scorsese...




... y por donde están las tiendas de todo tipo, que en este punto concreto están dominadas por los rusos. Habrá, pues, que mencionar una graciosa película de Woody Allen que en España se tituló "Los USA en zona rusa"




... y la Coney Island de la playa y el parque de atracciones, donde, por cierto, ayer se registró un accidente que obligó a evacuarlo (todavía hoy se observaba numerosa presencia policial, quizá los hijos de aquella famosa comisaría inmortalizada en la serie "Canción triste de Hill Street").





O puede que aparezca por aquí en cualquier momento Clint Eastwood encarnando a su famoso personaje del detective Harry Callahan en "Impacto súbito".



¡Qué playa! ¡Y qué buen día hace hoy para disfrutarla! Lástima que no tengamos tiempo. Pero nos damos un buen paseo, a pesar del calor, y volvemos a machacar a Nuria y a Mary Paz a fotos, y a nuestros chicos en Madrid.



Y cuando el gusanillo se hace notar, sería imperdonable no degustar los famosos perritos calientes de Nathan's, los auténticos desde hace casi 100 años. Riquísimos.



Después de degustarlos, hemos de volver a donde dejamos aparcado el coche, del que nos hemos alejado bastante en nuestro paseo. Así que cogemos el metro.



Y ya sí que esto se acaba. Nos encaminamos hacia el aeropuerto J. F. Kennedy, enorme también, ya sabéis. Tiene ocho terminales. Una de ellas como la de aquella película que protagonizó Tom Hanks, "La terminal". Como Tom no anda por aquí, me hago yo una foto para compartirla con vosotros.



Hemos despegado con hora y media de retraso, al parecer porque había atasco en la pista de despegue, donde se concentraron unos veinte aviones en fila india y el nuestro era el 19. Esperemos que esto no sea una nueva versión de ¡"Aterriza como puedas!"! ya sabéis con el gracioso americano Leslie Nielsen. Obsérvese el gesto de la azafata de Iberia, muy del estilo Julie Hagerty.



Mientras empezamos a cruzar el océano Atlántico, rememoramos todo nuestro viaje. Ha sido muy emocionante, precioso, encantador, como una "road movie", en la que hemos tenido de todo: ciudades típicamente americanas, lugares encantadores, otros espectaculares, y lo más importante: las personas, cuya amabilidad, simpatía y civismo nos han sorprendido gratamente. La gente se para a esperar que hagas una foto, cosa que no ocurre en ningún otro lugar del mundo conocido por nosotros; pero lo que ya rebasó todos los esquemas fue cuando en Martha's Vineyard ¡se pararon los coches! para que pudiéramos hacer una foto. Esta.



En fin, ¿qué más? Bueno, por mencionar películas, se me ocurren "Sexo en Nueva York", con Sarah Jessica Parker; sexo en Philadelphia, en Niágara Falls, Boston, Cape Code, Hamptons, "Sexo en Nueva York 2" (Esperemos que haya una tercera... ocasión). En fin, son sólo películas que yo me hago...

Volviendo a la realidad, cuando estamos en medio del Atlántico ya es 4 de julio, la Fiesta Nacional de los Estados Unidos. Recordaremos, pues, a Tom Cruise en "Nacido el 4 de julio".
Bueno, ahora habrá que dormir un poco que si no, dentro de un rato, estaremos hechos unos zorros. Aterrizaremos en Madrid a eso de las once y media de la mañana hora local, que para nuestros cuerpos son las 5 y media de la madrugada.

martes, 2 de julio de 2013

PLAYAS INFINITAS Y MANSIONES DE ENSUEÑO

Vuelve a amanecer nublado, pero hace buena temperatura y no llueve. Así que nos echamos a la carretera para iniciar nuestro segundo día en Los Hamptons. Si ayer fue el East y el South, hoy tocan el West y el North. Los tenemos cerca. Allá vamos. Pero... ¿Qué veo?



¿No lo dije? ¡También se puede adoptar una autopista! ¿Acabaremos yéndonos con cargo de conciencia por no ser automovilistas solidarios sin fronteras? Y ya que hablamos de automovilismo, llama la atención cómo han cambiado los americanos a este respecto. Aquellos cadillacs, chevrolets, pontiac, el típico y tópico coche americano enorme, vamos lo que en mi infancia se llamaba un "haiga", eso ha pasado a la historia. Este es el paradigma del coche americano actual.



El resto todoterrenos/todocaminos, mayoritariamente conducidos por mujeres, y coches medianos de marcas japonesas: Toyota, Nissan, Honda, Mitsubishi... Europeos, sólo Mercedes se ven apreciablemente; algunos BMW y pocos Audi.



Llegamos a la zona de Westhampton y hacemos un tour panorámico desde el coche para flipar a cada paso con las casas que se ven, todas en primerísima línea de playa y sin que pueda haber acceso a la misma. Nuestra sobrina segunda Nuria comete el error de pedirnos foto, foto, foto y la machacamos con unas cuantas de estas "chabolas". Aquí dejamos una muestra.



O dos. Pero conste que las auténticas mansiones, las que hemos podido intuir o entrever entre los setos, donde viven los Grayson, vamos, esas no hemos podido fotografiarlas. Podemos asegurar, eso sí, que son como las hemos visto en "Revenge". Ahora que mi Victoria es mejor que Victoria Grayson, dónde va a parar.



Tras algún que otro kilómetro, encontramos por fin un acceso público a la playa. Desde luego, el camino recorrido ha merecido la pena. Una playa infinita, de arena blanca y fina, y con olas (es el océano Atlántico, claro). Para los gallegos, al otro lado de Sanxenxo.



Y ya que el día no está para baño, aunque va haciendo calorcillo, encontramos algún motivo para juguetear. Este abuelo sesentón que no teme romperse algún hueso.


Y así no se lo rompe.



Antes de ir al pueblo a comer, encontramos una zona muy tranquila al borde del mar, casualmente con un par de sillas para tomarnos un descanso. ¡Ha salido el sol!


Westhampton es otra típica ciudad de la zona, con sus calles, sus farolas, sus comercios y su policía, pero, vamos, policías hay a manta por todos lados. Incluso presenciamos en la calle la detención de un individuo en la que intervienen nada menos que las dotaciones de cuatro vehículos. Y no es que estas sean, para nada, las "Malas calles" que dirigió Martin Scorsese en 1973, con Robert de Niro y Harvey Keitel. Bueno, los vehículos eran de verdad, no como este.



En el camino hacia la comida, Mariví se siente cansada y posa en uno de los bancos que también hay en esta ciudad. Por cierto, ya veis la omnipresencia de la bandera. Por todas partes hay algún mástil enorme (¿ya hemos dicho que aquí todo es enorme, no? con una bandera arriba del todo; se las ve por doquier: en edificios oficiales, sí, pero también, como veis, en locales comerciales, en los porches de las casas... En fin, como en España... cuando hay un Mundial.



Después de comer, damos otra vuelta por lugares próximos y, como no vemos nada más que nos atraiga, decidimos regresar a nuestra base en Greenport, para dar un paseo por allí y hacerme esta foto.


lunes, 1 de julio de 2013

LOS HAMPTONS, PENÚLTIMA ETAPA

Nos damos el supermadrugón para asegurarnos de no perder el ferry que tenemos que coger para cruzar a Long Island. Desde nuestro hotel en Cape Cod, Massachusetts, tenemos más de 200 kilómetros atravesando los estados de Rhode Island y Connecticut hasta llegar a New London.
Haciendo kilómetros, o tirando millas como dicen aquí, hay muchas cosas que nos llaman la atención, pero una de ellas nos toca la fibra sensible pues tenemos cierta inclinación hacia las causas solidarias. De hecho hemos colaborado con Cruz Roja, ANESVAD, Médicos sin Fronteras, etc. Y hasta nos hemos planteado algún apadrinamiento.



Pero, como se ve en la foto, esto ya podría ser demasiado. A poco inglés que uno sepa, se observa lo que piden estos americanos: "¡Adopta una carretera!". En fin, que nos comemos el tarro porque también se puede "adoptar" una autopista. 
Pero bueno, abordamos nuestro ferry, esta vez con coche incluido porque lo reservamos ayer. Y aunque se trata de hora y media para cruzar al estado de Nueva York, nos sentimos teletransportados 
como en "El experimento Philadelphia", aquella película de 1982. Y es que hace un día como si estuviéramos en Cantabria: niebla matinal, buena temperatura. 



Desembarcamos en Orient Point y nos dirigimos al que será nuestro próximo alojamiento, en el que, para nuestra sorpresa, nos encontramos con que disponemos de una cocina americana (claro). Se nos enciende la bombilla rápidamente y casi salimos corriendo en busca de un supermercado donde hacernos con provisiones para una cena "a la española".



Después ya se sabe: a recorrer la zona, que parece que la lluvia nos respeta. 



Estamos en Los Hamptons, la zona preferida por los neoyorquinos pudientes para sus vacaciones y escapadas. Os sonará a algunos/as por la serie que se ha estado emitiendo hasta hace poco: "Revenge". Pues, oye, ¡clavada! Las mansiones, las playas, los pequeños pueblos con sus puertos deportivos... Este es un lugar de lo más apropiado para venir de vacaciones en plan tranquilo y sin agobios. Y con nuestro euro más fuerte que el dólar, no se hace demasiado caro (algo bueno teníamos que tener). Por ejemplo, la gasolina sin plomo cuesta unos 70 céntimos el litro.



Estamos ya en julio y hay gente, sí, pero nada de agobios. Damos un paseo por Southampton y nos quedamos a comer. Después, recorriendo, recorriendo, pasamos por East Hampton y llegamos hasta lo que llaman el East End, el final, vamos, con su consabido faro y vistas espectaculares. Hasta ha salido el sol.



A la vuelta tomamos un atajo, para lo que tenemos que coger dos transbordadores que nos van pasando con el coche hasta Greenport. Parada y fonda. 



Tras un descanso en el porche de nuestra modesta "mansión", hoy toca hacer la cena en la cocina de que disponemos. Me moría de ganas de unos huevos (4) estrellados con patatas (muchas). 



Hasta mañana, peña.